Plan de
ejecución
BIM.
El cliente dice qué información necesita. El BEP dice cómo, quién y cuándo se va a producir.
«Lo quiero en BIM» no es un requisito.
Si nadie escribe qué información hace falta, cada equipo entiende una cosa y la entrega no sirve para lo que el cliente necesitaba.
De la estrategia al dato.
Los requisitos bajan en cascada: de lo que la organización necesita saber de sus activos a lo que cada contrato debe entregar.
Quién pide y quién responde.
La parte contratante contrata a una parte contratada principal, que coordina a sus partes contratadas. Juntas forman el equipo de desarrollo.
El BEP responde al EIR.
El EIR dice qué información quiere el cliente. El BEP explica cómo la producirá el equipo, con qué medios y bajo qué normas.
Siete apartados mínimos.
La norma fija lo que debe traer el BEP que acompaña a la oferta. Lo demás es forma: ni las páginas ni los logotipos lo hacen mejor.
Quién produce qué.
Cada entregable, cruzado con el equipo que lo produce. En la oferta va de alto nivel; tras la designación, se detalla hasta el contenedor.
Cada equipo, su plan.
Cada equipo de tarea escribe su TIDP: qué contenedores entrega y cuándo. La parte contratada principal los suma en un único MIDP.
La información llega cuando hay que decidir.
Los hitos se fijan en los puntos en que el cliente necesita datos para tomar una decisión, no cuando el equipo termina de modelar.
Ni más ni menos.
Para cada hito y cada propósito se fija cuánta geometría, qué datos y qué documentos. Lo que sobra cuesta tanto como lo que falta.
Cuatro estados por contenedor.
Cada fichero pasa de trabajo en curso a compartido, publicado y archivado. Cada paso tiene una comprobación y alguien que la firma.
Se actualiza, no se archiva.
El BEP se ofrece, se confirma al designar y se revisa cada vez que cambia algo que afecta a la información: una fase, un equipo, un programa.
Concreto, con nombres y comprobable.
Un BEP copiado de otro proyecto se nota: habla en general. Uno útil responde a cada requisito con una persona, una fecha y una forma de comprobarlo.
- «Se usará software BIM»
- «El equipo coordinará los modelos»
- «Se seguirá la norma»
- Programa, versión y formato por equipo
- Federación semanal, responsable con nombre
- IFC4 validado con el IDS del EIR
Seis partes, un mismo lenguaje.
Conceptos, fase de desarrollo, operación, intercambio, seguridad y salud. En España se publican como UNE-EN ISO 19650.
Ocho actividades, dos BEP.
La parte 2 ordena cada designación en ocho actividades. El BEP aparece al responder a la licitación y se confirma al designar.
Nació británico, se hizo ISO.
El BEP y el EIR vienen de las normas del Reino Unido y pasaron a ISO en 2018. La revisión en curso podría cambiar sus nombres.
Un nombre que se lee solo.
El anexo del Reino Unido propone nombres por campos y un código de estado para cada fichero. Es el modelo que copian muchos CDE y pliegos.
El Plan BIM pone fechas.
El Estado exige un nivel BIM según el valor del contrato. Desde octubre de 2025, nivel Medio en las obras por encima del umbral europeo.
Otras guías, misma idea.
Estados Unidos, Singapur o Perú tienen su guía de BEP. Cambian los nombres y el orden; el esquema de pregunta y respuesta se mantiene.
Cada decisión acaba en un ajuste.
Plantilla, propiedades, nombres, coordenadas y exportación: lo que el BEP decide se configura una vez en cada programa y se reparte al equipo.
De la plantilla al dato.
Casi todos se escriben en plantillas de texto y hojas de cálculo. Algunas plataformas lo convierten en datos que se enlazan con las comprobaciones.
La plataforma hace cumplir el BEP.
Un CDE bien configurado aparta los nombres que no cumplen, asigna códigos de estado y no deja publicar sin aprobación.
De S0 a A1, con firma.
Cada cambio de estado es un flujo: quién revisa, quién aprueba y a qué carpeta pasa el fichero. El BEP lo dice; la plataforma lo ejecuta.
Formatos abiertos, en el contrato.
El EIR fija en qué formato se entrega cada cosa y el BEP dice con qué programa y configuración se produce. El Plan BIM español exige IFC y BCF.
El EIR que lee la máquina.
Con IDS, la parte del EIR que pide datos se escribe en un XML que cualquier comprobador lee igual. El BEP dice quién lo pasa y cuándo.
FireRating obligatorio
Cinco preguntas por entrega.
Antes de compartir o publicar, cada contenedor responde: cómo se llama, en qué estado está, qué datos trae, si coordina y si está en su sitio.
Cada control, su herramienta.
Los nombres los vigila el CDE; los datos, un IDS; la coordinación, un visor federado. El BEP dice cuál se usa y quién firma el informe.
El propio BEP también se revisa.
Antes de adjudicar, el cliente puntúa el BEP previo: si responde a cada requisito y si el equipo tiene capacidad real para cumplirlo.